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El desarrollo aeronáutico de los años treinta y su influencia
en la Guerra Civil Española
La República Española sufrió las consecuencias del
momento más crítico de la evolución técnica
aeronáutica y del auge de las aviaciones alemana e italiana
La doctrina del Poder Aéreo
Durante
la década de los años veinte, algunos militares como Guilio
Dohuet en Italia, Wever en Alemania y Billy Mitchell en EEUU elaboraron
la teoría del poder aéreo que preconizaba la utilización
masiva de bombarderos tanto en el uso táctico como opción
estratégica decisiva para la victoria final.
Giulio Douhet

Visión de Douhet de lo que significaría el Poder
Aéreo

Aunque Mitchell demostró la eficacia del arma aérea hundiendo
en 1922 el acorazado alemán Ostfriesland con los bombarderos Martin
MB-2, el Gobierno de EEUU no hizo caso de las ideas de Billy Mitchell
hasta después de su muerte que se produce en 1936.

Martin MB-2

General Billy Mitchell
Las
ideas de Douhet y Mitchell no cuajaron en los años veinte, los
países recién salidos de la Primera Guerra Mundial no tenían
ningún interés en la potenciación del arma aérea,
por ello aprovecharon los stocks de aparatos existentes, procedentes de
la pasada guerra, y destinaron sus recursos exclusivamente al desarrollo
de la aviación civil y a algunos modelos de hidroaviones y aparatos
de uso colonial.
Aunque Francia y Gran Bretaña ya disponían de ejércitos
del aire independientes, como eran L’Armee d’Air y la RAF,
sus doctrinas de defensa se basaban más en el ejercito de tierra
y en la armada, y además estaban muy influenciadas por las necesidades
de su situación como potencias coloniales.
Tanto
Francia como Gran Bretaña dedicaron muchos de sus recursos aéreos
a la producción de aparatos dedicados a labores de policía
colonial, en los que los aviones de superioridad aérea carecían
de sentido por falta de oponentes. Además se cometieron muchos
errores de enfoque, como en lo ocurrido en Francia, donde en los años
treinta se preconizaban teorías como la del “multiplaza de
combate” que resultaron un fracaso total.
Las
necesidades coloniales de aquellos años, tanto francesas como británicas
les llevan al desarrollo de los llamados aviones de “cooperación”
como el Potez-25 TOE francés, así como de modelos de uso
aeronaval, tanto torpederos como anfibios e hidroaviones.
Estos
dos sectores de aparatos les servían para satisfacer las necesidades
de enlace y defensa de sus colonias, tanto en labores internas de policía
frente a las posibles revueltas en los territorios ocupados, como externas
de tipo aeronaval para frenar los deseos expansionistas de las otras potencias
coloniales, se trataba generalmente de modelos proyectados pensando en
un teatro de operaciones ultramarino.

Potez 25 TOE
Los
alemanes no poseían opciones coloniales por lo que su enfoque era
radicalmente distinto y durante el periodo de la República de Weimar
ya se habían estado entrenando secretamente en Lipezst (URSS) para
eludir las condiciones del tratado de Versalles. Muchos de sus fabricantes
como Junkers y Dornier ya estaban desarrollando nuevos modelos bajo el
pabellón de terceros países, como por ejemplo Junkers lo
hacía en Suecia en donde desarrollaba aparatos de uso táctico
como el Junkers K-47, que sería el predecesor del famoso Junkers
Ju-87 “ Stuka”.

Junkers K-47
La
irrupción del fascismo en Italia y especialmente la llegada al
poder de Hitler en Alemania modificaron sensiblemente la situación
europea y las necesidades de aparatos coloniales fueron pasando a un segundo
plano.
La Alemania Hitleriana a mediados de los años treinta rompió
con el tratado de Versalles y empezó un fuerte rearme en el que
dedicaron numerosos recursos al desarrollo aeronáutico militar
con el objetivo de obtener la supremacía aérea, con ello
ya en 1937 tomaron la delantera al resto del mundo en la tecnología
de la aviación militar, todo ese desarrollo fue aplicado por la
Legión Cóndor en la Guerra Civil Española.
Al producirse este rearme alemán de los años treinta fue
cuando surgió la posibilidad de un teatro de operaciones europeo
y por tanto la necesidad del desarrollo de aparatos de superioridad aérea,
los franceses y británicos reaccionaron ante esa situación
intentando diseñar aparatos modernos, aunque con importantes limitaciones
presupuestarias, pero Alemania no había limitado sus recursos y
ya se había adelantado, tomándoles una considerable ventaja,
que se concreta nítidamente como, ya se ha dicho, a partir de 1937.
En Alemania la teoría del poder aéreo había sido
adoptada con entusiasmo por los nazis que cuando llegaron al poder encontraron
el terreno ya preparado por los movimientos de la República de
Weimar en el campo aeronáutico.
En
1929 el General von Seeckt ya había escrito que la guerra futura
empezaría con un choque de flotas aéreas y que el objetivo
aéreo debería ser la fuerza aérea enemiga y sólo
después de su supresión la ofensiva podría ser dirigida
contra otros objetivos. El requisito para la superioridad aérea
fue reflejado en reglamentos de interguerra.
El
manual de doctrina operacional del ejército de 1934, Truppenführung
(Liderazgo de la Tropa), establecía que para llevar a efecto las
operaciones terrestres exitosamente, uno debería buscar establecer
superioridad aérea sobre el enemigo en el momento decisivo.
El
gobierno de Hitler creó la Luftwaffe como un ejercito del aire
independiente, que colocó bajo la dirección de Goering,
un antiguo piloto de caza de la PGM muy influido por la citada doctrina
especialmente en su doble uso táctico y estratégico.
Que
los líderes de la Luftwaffe aceptaban la necesidad de ganar superioridad
aérea es también evidente en sus escritos previos a la guerra.
El primer Comandante en Jefe de la Luftwaffe, General Walther Wever, registró
la necesidad de combatir la fuerza aérea enemiga, entre las tareas
prioritarias de la Luftwaffe.

Dornier Do-19, primer vuelo el 28 de octubre de 1936, proyecto
abandonado de Ural-Bomber
El
preconizador de la aviación estratégica en Alemania también
fue el citado General Wather Wever, con su idea del Ural Bomber, pero
a su muerte en 1936 estas ideas de grandes cuatrimotores de bombardeo
estratégico no fueron desarrolladas, y por su experiencia en la
Guerra Civil Española los alemanes optaron por los bimotores rápidos
en su doble vertiente táctica y estratégica.
Goering,
pese a no estar inicialmente muy convencido de la intervención
alemana en España, aprovechó la actuación de la Legión
Cóndor para desarrollar el adiestramiento del personal de la Luftwaffe
y la experimentación de nuevas tácticas en la lucha aérea.
Al
otro lado del Atlántico, EEUU seguía sin un ejercito del
aire independiente y sin necesidad de desarrollar en aquella época
aviones de uso colonial, por ello se centró en la aviación
civil en la que se producen grandes avances técnicos, de los que
a mediados de la década la industria aeronáutica de EEUU
pudo extraer la tecnología que le permitió pasar en 1936
en un gran salto desde los biplanos bimotores Curtiss Cóndor y
Keystone B-6, a aparatos como el Martin B-10 y especialmente al Boeing
B-17 de 1938. El B-17, que era un avión que plasmaba las ideas
de Mitchell, fue concebido como una necesidad de los intereses estratégicos
de EEUU en la muy extensa zona del Pacifico.

Keystone B-6, aun en servicio USA en 1936
Pero
EEUU influenciado por la depresión económica de 1929 limitó
sus presupuestos y no realizó un esfuerzo simultaneo con las aviaciones
táctica y de caza, por ello quedó rezagado de la aviación
militar pese a su gran desarrollo en la aviación civil.
En
Italia donde existían seguidores de Douhet ya hicieron un esbozo
de su doctrina en la invasión de Abisinia por parte de las tropas
fascistas de Mussolini, pero aquello mas que una guerra clásica
era sencillamente una agresión colonial a un país carente
de aviación casi por completo. Los Caproni Ca-101 masacraron a
los guerreros etíopes, incluso con el uso de las armas químicas
prohibidas por los tratados internacionales.

Caproni Ca-101
Italia
durante los años 20 y 30 desarrolló una gran industria aeronáutica,
que si bien nunca estuvo en la primera fila del desarrollo tecnológico,
ni tampoco tuvo una destacada calidad en sus productos, produjo una serie
de aparatos con resultados aceptables, como el Savoia S-55 del vuelo en
patrulla de Italo Balbo y el trimotor Savoia S-79 que actuó en
Abisinia, España y posteriormente en la Segunda Guerra Mundial.
Savoia S-79
Pero
fue en España, con la aviación táctica y con los
bombardeos de Madrid, Barcelona, Bilbao, Durango, Guernica, Santander,
Gijón, Sagunto, Cartagena, Valencia y resto del litoral mediterráneo
etc. en donde se puso en práctica con carácter masivo la
teoría del poder aéreo como elemento bélico determinante.
Uno de los seguidores de Mitchell, el Mayor Thomas Lanphier, voluntario
en el bando republicano, fue testigo en España del comienzo de
estas estrategias del arma aérea por parte de los primeros alemanes
e italianos en el otoño-invierno de 1936.
En la invasión de Francia en Junio de 1940 los alemanes demostraron
la superioridad de su aviación táctica y en los bombardeos
alemanes sobre las Islas Británicas en el verano de 1940, fue cuando
todos aquellos que no habían querido ver nada de lo que ya había
ocurrido en España, no tuvieron mas remedio que aceptar el grado
de desarrollo que había alcanzado la aviación alemana en
la aplicación de los bombardeos masivos con fines estratégicos.
En los posteriores bombardeos angloamericanos sobre Alemania y en los
americanos sobre Japón del final de la Segunda Guerra Mundial fue
donde ya se concretó definitivamente la doctrina del poder aéreo
y se demostró lo correcto de las ideas de Douhet, Wever y Mitchell,
incluso otro de los seguidores de Mitchell, Claire Chennault, intentó
también poner en práctica esas teorías durante la
SGM en el frente Chino-Japonés pero por inconvenientes logísticos
no lo pudo llevar a efecto.
Podemos concluir que Guerra Civil Española fue la primera guerra
en la Historia en la que se notaron las consecuencias de las doctrinas
del poder aéreo y la aviación tuvo un papel decisivo en
sus etapas cruciales.
Primero lo fue por su uso a nivel táctico en el avance rebelde
de agosto, setiembre y octubre de 1936, luego en la ocupación del
Norte en 1937 y después en el Ebro en 1938.
Y
después a nivel estratégico por la constante presión
sobre los puertos y demás comunicaciones, así como contra
las industrias y ciudades de retaguardia republicanas en las que afectaba
sensiblemente a la moral de la población civil, por eso cuanto
más se analice su actuación mejor se conocerán las
claves del desarrollo de la guerra.
El
desarrollo aeronáutico en los años treinta
Desde el punto de vista histórico de la evolución
técnica de la aeronáutica militar, la Guerra Civil Española
ocurrió en el peor momento posible para los intereses de la República.
En
la España de la preguerra las teorías del poder aéreo
no habían calado en absoluto, desde las Guerras de Marruecos el
ejercito español poseía una aviación organizada con
mentalidad básicamente colonial, con predominio de los aviones
tácticos como los Breguet XIX, también sus escasos polimotores
respondían a criterios de policía colonial como los Fokker
F-VII.3m/M y los De Havilland DH-89M “Dragón Rapide”,
al margen de ellos solo se disponía de un vetusto trimotor Junkers
K-30.
La
adquisición de los torpederos Vickers “Vildebeest”,
así como el interés por los Martin B-10, por parte de la
República indica un cierto cambio de mentalidad, y una visión
más amplia de los posibles conflictos que la que hasta entonces
daba la simplista óptica africanista imperante, pero la incapacidad
para usar los Vickers “Vildebeest” con torpedos también
nos indica que la evolución aun era muy incompleta.
Entre
los militares españoles más estudiosos del arma aérea
podemos citar al General Emilio Herrera, Alejandro Gómez Spencer,
Virgilio Leret, Barberán, Collar, Estevez, etc. La mayoría
de ellos permanecieron leales al gobierno (Barberán y Collar tenían
también reputación de republicanos, pero ya habían
fallecido en 1936).

Hispano-Nieuport Ni-52
La
prevista renovación del material aéreo español aun
no se había concretado, en las unidades de caza los aparatos elegidos
eran el Hawker “Spanish” Fury para reemplazar a los Hispano-Nieuport
Ni-52 y como avión táctico había sido escogido el
Hawker Osprey para reemplazar a los Breguet XIX de la Aviación
Militar y a los Martinsyde F.4 A "Buzzard" de la Aeronáutica
Naval, pero al inicio de la guerra solo había tres ejemplares del
primero (y desarmados) y un ejemplar del segundo.
Los
Hawker Fury no se habrían podido oponer a los aviones que la Legión
Cóndor trajo a partir de 1937, como por ejemplo al Messerschmitt
Bf-109, pero si la República hubiera dispuesto de un número
elevado de Fury en julio de 1936, la guerra quizás no se hubiera
prolongado hasta 1937.

Hawker “Spanish” Fury
La
Guerra Civil Española en su componente aéreo estuvo determinada
por un periodo de rápida evolución aeronáutica, ya
que en 1935 empezó un cambio drástico en el diseño
de los aviones que empezarán a entrar en servicio entre dos y cuatro
años mas tarde.
Los
modelos producidos hasta el comienzo de la década de los años
treinta podemos considerar que se trataba de modelos evolucionados de
los aparatos aparecidos al final de la Primera Guerra Mundial, generalmente
biplanos construidos en madera o mixtos de madera y metal, y con motores
que raramente sobrepasaban los 500 CV.
Fue
primero en la aviación civil de los Estados Unidos y después
en las aviaciones militares de EEUU, Europa, especialmente de Alemania,
y Japón, donde se inicia un cambio hacia los monoplanos de construcción
enteramente metálica, motores más potentes y sobrealimentados,
hélices metálicas y de paso variable, cabinas cerradas,
equipos de radio y oxígeno, armamento más numeroso y pesado,
y tren de aterrizaje retráctil. Ese cambio drástico tiene
lugar entre 1935 y 1939, en Alemania está renovación aeronáutica
se adelanta y empieza a cristalizar en 1937 coincidiendo con la Guerra
Civil Española.
Por
ello cuando termina la guerra en 1939 ya están en liza los modelos
de aparato que serán la espina dorsal de la Luftwaffe alemana durante
los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, así como
las tácticas experimentadas por la Legión Cóndor
en la guerra española que sirvieron a los alemanes para conseguir
el dominio aéreo en los primeros tiempos de la SGM.

Messerschmitt Bf-109
Como
muestra de esa evolución podemos contemplar que en los catorce
años transcurridos desde 1919 hasta 1933, los aviones de caza incrementaron
su velocidad solamente en unos 80 Km/h pasando de 220 Km/h en 1919 a los
300 Km/h de 1933.
Pero
en 1939 ya superaban los 500 Km/h, por lo que en solo seis años
incrementaron su velocidad en 200 Km/h, la evolución en el periodo
1935-1939 fue vertiginosa para ser en tiempos de teórica paz mundial
(excepto los casos puntuales de las guerras del Chaco, Abisinia, España
y China).
Los
decisivos tiempos iniciales de la GCE
La
República dispuso de un mes escaso de superioridad aérea
al inicio de la guerra que desgraciadamente no pudo o supo aprovechar,
fundamentalmente a causa del caos organizativo creado por la sublevación
militar, cuando se recompuso la organización de las fuerzas aéreas
gubernamentales ya era tarde, los italianos y alemanes ya estaban muy
bien instalados aquí.
La
evolución técnica ya comentada, originó que los aparatos
en el periodo 36/39 se volviesen obsoletos técnicamente en pocos
meses, los Nieuport Ni-52 y Breguet XIX en servicio el 18 de julio de
1936, un mes mas tarde, el 18 de agosto de ese mismo año, ya estaban
totalmente obsoletos y ampliamente rebasados por el material italiano
y alemán recién llegado a España y solo dos meses
después, el día 18 de setiembre, eran simplemente piezas
de museo.
En
julio de 1936 ya llegan los primeros trimotores Junkers Ju-52 alemanes
y Savoia SM-81 italianos y a principios de agosto ya entran en servicio
los cazas Fiat CR-32 y Heinkel He-51 a los que la República no
tenía material que oponer.
En
esos primeros meses fundamentales para ganar la guerra, los sublevados
se hicieron los dueños del aire con ese material aportado por Hitler
y Mussolini, al que los aviones españoles de preguerra no podían
hacer frente, pese a sus esfuerzos y terrible desgaste humano y material
que suponía tal lucha.
Pero
a diferencia de la situación que se produciría en 1937 y
1938, en ese tiempo de julio de 1936 tanto EEUU como Gran Bretaña
y Francia aun no habían sido rebasadas por el desarrollo aeronáutico
germano-italiano, y podían haber aportado aviones de iguales o
mejores prestaciones que los He-51, CR-32, Ju-52 y SM-81, pero optaron
por dejar a la República desarmada.
El
resto de material enviado por los alemanes e italianos en aquellos primeros
tiempos como el Heinkel He-45 y Heinkel He-46 alemanes y los Romeo Ro-37
italianos, ya era un material claramente anticuado para la época,
solo la falta de material que sufría la República los hacía
útiles por falta de oponentes.

Uno de los Dewoitine D-372 llegados al Prat en Agosto del 36
El material aeronáutico militar francés inicialmente aportado
a la República fue muy escaso, bastante malo y a destiempo, y lo
mas grave, la práctica totalidad de los aparatos venían
desprovistos de armamento, por lo que hubo que improvisarlo con enormes
retrasos y fatales defectos de funcionamiento, como ocurrió con
los cazas Dewoitine D-372.
Quizás
la única excepción sea la de los bimotores Potez-54, denominados
“ataúdes volantes” y denostados por muchos cronistas
de la aviación republicana, que aunque sufrieron problemas con
sus motores, últimamente, después de analizar su actuación
en algunos artículos, se está concluyendo que no eran tan
malos como se decía.

Potez-54
Una
de las características de los historiadores aeronáuticos
oficiales durante el régimen franquista fue la de magnificar la
aportación inicial francesa, ya que sabedores de la importante
aportación germano-italiana al bando rebelde durante julio, agosto,
setiembre y octubre de 1936, siempre buscaron como coartada la aportación
francesa a los gubernamentales.
Sobre
esta cuestión tomamos las siguientes referencias del historiador
Enrique Moradiellos:
"El
gobierno frentepopulista francés no remitió ayuda militar
hasta el 7 u 8 de agosto de 1936 y la cuantía de los aviones remitidos
fue de 13 cazas y 6 bombarderos".
"Frente
a los 62 aviones proporcionados conjuntamente por Italia y Alemania al
bando insurgente en igual período."
"En
virtud de las investigaciones del historiador británico Gerald
Howson en los archivos oficiales y privados franceses abiertos a la consulta
desde entonces (principios de la década de los noventa del siglo
pasado), no cabe seguir sosteniendo aquella cifra de 50 aparatos remitidos
por las autoridades galas desde el 21 ó 25 de julio. Simplemente:
son «datos» manifiestamente erróneos y equivocados.
Por la sencilla razón de que resultan desmentidos (falsados) y
refutados por los cómputos internos del Ministerio del Aire francés,
del Ministerio de la Guerra francés, de los archivos departamentales
de la frontera hispano-francesa y de los archivos de las compañías
aeronáuticas fabricantes de los aparatos (nacionalizadas por entonces)."
“
Hay que concluir que los datos ciertos y comprobados son los que son:
19 aviones (no 50 ni 47) remitidos entre el 7 y 8 de agosto (no desde
el 21 ó 25 de julio).”
“Si es «verdad» (histórica y comprobada, no ontológica)
que la ayuda aeronáutica francesa llegó a partir del 7 u
8 de agosto de 1936, entonces resulta preciso admitir que no hubo «precedencia»
ni «iniciativa intervencionista» francesa y que la primacía
temporal en ese orden correspondió a Alemania (25 de julio) e Italia
(28 de julio); si es verdad que tal primacía francesa es falsa,
entonces no es posible sostener que la intervención germano-italiana
en apoyo de los insurgentes fuera una mera «respuesta» o «reacción»
ante el desafío intervencionista francés.”
Estas
cifras (13 Dewoitine-372 y 6 Potez-54) de los aviones franceses llegados
a España al final de la primera semana de agosto de 1936, ya habían
sido dadas por Ignacio Hidalgo de Cisneros en sus Memorias (II parte)
y por Andrés García Lacalle en “Mitos y Verdades”,
pero es G. Howson quien las demuestra con un trabajo exhaustivo de documentación
sobre el tema.
El
paradigma de esta situación está en modelos como el Dewoitine
de la serie D-500, D-501 y D-510 de la que llegaron dos ejemplares del
D-510, pero hubo que devolver su motor-cañón a Francia por
presiones de la derecha gala, quedaron sin motor ni armamento aparcados
en Cataluña, avanzada la guerra fueron remotorizados con motores
M-100 de los SB-2 Katiuskas y armados con ametralladoras en las alas,
sirvieron en las escuadrillas de protección de costas.
Los
historiadores franquistas atribuyeron a los aviadores rebeldes, especialmente
italianos, el derribo de una buena cantidad de estos D-500, D-501 y D-510
inexistentes en los aires, desgraciadamente muchos cronistas siguen copiando
esos datos sin verificarlos, y esa versión sigue perdurando aun
en muchos documentos y sitios de Internet, incluso en algunos de reciente
creación.
Otro
tanto ocurre con muchos otros aparatos franceses como el biplano de caza
Bleriot-Spad 510 del que según algunos autores se derribaron varios
aparatos en España, a donde está perfectamente demostrado
y documentado que no vino ningún ejemplar de dicho modelo.
Al
margen de ese material militar francés, los republicanos en esos
primeros días solo lograron adquirir aviones civiles, la mayoría
avionetas, como los Monospar ST-4/ST-12 y ST-25, algunos De Havilland
DH-84 y DH-89 civiles, incluso uno o dos Latecoere 28, al que algunos
historiadores franquistas tienen la desfachatez de contabilizar como “bombardero”,
en cuanto a la aportación de aviones militares a finales del verano
de 1936 Francia envió cuatro vetustos Gourdou-Leseurre LGL-32 al
Norte y algunos veteranísimos e inservibles Potez-25.
La
crítica situación de esos primeros meses de la guerra supuso
una sangría de bajas que dejó vacíos los cuadros
de vuelo del personal republicano, que tuvieron que cubrir con la formación
rápida de pilotos procedentes de las escalas técnicas de
especialistas de la Aviación Militar y la Aeronáutica Naval,
así como a pilotos voluntarios extranjeros, fundamentalmente soviéticos,
hasta la llegada en 1937 de los jóvenes españoles de la
primera promoción formada en la Unión Soviética.
Cuando
a finales del 36 llegaron los primeros aviones y pilotos soviéticos
la República dispuso del dominio aéreo por algún
tiempo, pero ya era tarde, los rebeldes con la ayuda italiana y alemana
ya habían ocupado una parte importante del territorio del país,
consolidando sus posiciones, y pronto recuperaron el dominio del aire
con el nuevo material alemán llegado en la primavera del 37.
Los
historiadores del bando franquista intentan justificar con cifras, generalmente
falseadas, que la ayuda extranjera fue pareja en ambos bandos, pero no
es así como ya se expuso anteriormente, y además al margen
de los números, no puede compararse un piloto francés o
americano con licencia de piloto civil o a lo sumo reservista con una
experiencia de los tiempos de la Primera Guerra Mundial, con un piloto
militar alemán o italiano encuadrado en una unidad regular de combate.

Homenaje en la Alemania Nazi a la Legión Cóndor
Ya
que no se trata de comparar valías personales o profesionales de
forma individual, si no la eficacia de las unidades operacionales como
un conjunto, las fuerzas extranjeras de apoyo a los rebeldes como la Legión
Cóndor y la Aviación Legionaria Italiana participaron con
unidades completas militarmente encuadradas y equipadas, incluida la logística
de suministros de municiones, vituallas y repuestos.
Esas
unidades contaban con pilotos militares alemanes e italianos perfectamente
organizados y adiestrados, incluyendo todo su equipo de apoyo terrestre,
en el que existían, entre otras, modernas unidades de telecomunicaciones,
transporte y unidades de defensa antiaérea cuya eficacia quedó
ampliamente demostrada.
Solo
la aportación soviética fue en cierta forma comparable,
pero llego tres decisivos meses después, y estaba limitada por
el bloqueo y otros avatares de política internacional que los sublevados
nunca padecieron.
Aunque
también hemos de señalar que un contingente de aviadores
soviéticos llegó antes que los aviones de su país,
concretamente en setiembre, y mientras no dispusieron del material soviético
volaron con los aparatos de que se disponía en las Fuerzas Aéreas
Republicanas.

Polikarpov I-15 “Chato”
Las llamadas democracias occidentales ahogaron a la República con
la política de la “no-intervención”, de la que
se reían Hitler y Mussolini, que nunca la respetaron, por ello
la República tuvo que, con muy pocas excepciones, contar exclusivamente
con los suministros soviéticos, que en noviembre del 36 le supusieron
el dominio del aire por un breve tiempo, pero que en 1937 ya perdió
definitivamente frente a las nuevas incorporaciones del material alemán
más moderno.
El
preludio de la Segunda Guerra Mundial
Aunque
si repasamos los inventarios aéreos de 1937 de las aviaciones militares
de Estados Unidos, Gran Bretaña o Francia, comprobaremos que tampoco
tenían ningún modelo de aparato en servicio que pudiesen
oponer seriamente a los que la Alemania Hitleriana estaba enviando a España
en ese momento.
Y
que ni tampoco los aviones norteamericanos, ingleses o franceses en servicio
en 1937 eran mejores que los aparatos soviéticos de la época
enviados a la República Española como el Polikarpov I-16
“Mosca”, que en ese momento era el único que podía
intentar oponerse al Messerschmitt Bf-109, aunque estuviese fuertemente
limitado en su cota de operación.
Esto
proporcionaba al aparato alemán una ventaja decisiva por poder
disponer de una mayor altura de vuelo en sus combates. La instalación
en 1938 de oxigeno y motores especiales en unas pocas unidades del Polikarpov
I-16 “Mosca” equilibró un poco la desigualdad entre
ambos aviones en esas condiciones de altitud, pero fue una medida tardía
e insuficiente.

Polikarpov I-16 “Mosca”
Francia que en 1937 tenia en servicio los Dewoitine D-372 y los D-500,
D-501 y D-510, tardó casi dos años en disponer de los Morane
MS-406 y no dispuso del Dewoitine D-520 hasta 1940, y con un número
claramente insuficiente de los mismos en los momentos decisivos de la
invasión alemana de junio de dicho año.
Gran Bretaña en 1937 aun tenía en servicio los biplanos
Hawker Fury II, Gloster Gauntlet y Gloster Gladiator y no puso en servicio
los Hawker Hurricane hasta un año después, y en 1940, durante
el inicio de la Batalla de Inglaterra, aun no disponía de un número
suficiente de Supermarine Spitfire.
Y
los Estados Unidos en los que su Aviación Militar introducía
en 1937/38 los Seversky P-35 y en 1939 los Curtiss P-36, aun contaba en
1937 con los biplanos Curtiss P6E “Hawk”, los monoplanos Boeing
P-26 de tren de aterrizaje fijo y como más avanzados los Consolidated
PB-2 /P-30 (P-33) aparatos que desde el punto de vista técnico
correspondían a una buena concepción aeronáutica
y poseían un equipamiento bastante avanzado, pero estaban submotorizados
y respondían a un concepto de biplaza de combate que resultó
un fracaso militar completo.

Consolidated PB-2/P-30 (P-33)
Por
otra parte la Aviación Naval de EEUU en 1937 ( y hasta 1940) además
de los biplanos Curtiss BFC (“Hawk” II) aun usaba los biplanos
Grumman F2F, desarrollados a partir de la familia de los Grumman SF1/FF1
(CCF G-23 “Delfines”)
Los
G-23 “Delfines” supusieron la aportación más
importante de la industria norteamericana en aparatos militares a las
FARE, (Fuerzas Aéreas Republicanas Españolas), burlaron
el bloqueo con un falso pedido, pero llegaron ya muy avanzada la guerra
en 1938.

Grumman F2F

Grumman-CCF G-23 “Delfin” (fuente sbhac)
Los
EEUU en 1941 para oponerse a los eficaces A6M “Zeros” japoneses
tenían los Curtiss P-40, a los que solo los “Flying Tigers”
del grupo AVG de voluntarios de Chennault en China supieron sacar buen
provecho, así como los Grumman F4F “Wildcat” navales
y los excelentes cazas bimotores Lockheed P-38 Lightning, pero no dispusieron
de aviones realmente eficientes de caza hasta muy avanzado 1942, aunque
su gran potencia industrial les permitiría invertir la situación
a partir de ese momento con aportaciones masivas de aparatos como el Mustang
P-51, Grumman F6F “Hellcat”, P-47, Chance Vougth “Corsair”
y otros modelos con los que ya podían superar netamente a sus adversarios,
tanto alemanes como japoneses.
Conclusiones
Como
conclusión se puede sacar es que los tres primeros meses de la
Guerra Civil Española fueron totalmente decisivos, el acuerdo de
no-intervención aplicó un bloqueo a la República
Española que le impidió disponer en el verano de 1936 del
material aéreo necesario para defenderse de la intervención
germano-italiana.
Aunque
el reputado historiador militar inglés Anthony Beevor, refiriéndose
a la opinión pública europea sobre la política de
no intervención en la GCE afirma:
“Hasta
el bombardeo de Gernika, en abril de 1937, no cambió la marea;
pero ya era tarde, los republicanos ya habían perdido técnicamente
la guerra.
En
todo caso, hay que dejar claro que la política de no intervención
y el embargo no cambiaron el curso de la guerra.
Ni los franceses ni los británicos tenían en sus arsenales
material comparable al que recibían los nacionales.
De
hecho, que se negaran a vender armas a la República no significó
nada en realidad”.
Ese
aserto en lo referente a la aviación es válido para 1937,
cuando como él muy bien dice ya era demasiado tarde, pero no lo
es para julio de 1936, ya que en ese momento si se podían haber
cambiado las cosas.
En
julio de 1936 el material alemán podía haber sido derrotado,
como se demostró aunque demasiado tarde en noviembre de ese año,
luego en 1937 los alemanes ya habían logrado una gran superioridad
en la tecnología aeronáutica que los hacía muy difíciles
de batir, la suerte de la República ya había quedado decidida
por la política de la no-intervención.
En
el periodo comprendido entre 1937 y 1940, el potencial aéreo de
la Luftwaffe era incontestable en los cielos europeos, y así quedó
demostrado en la Guerra Civil Española.
Hasta
la Batalla de Inglaterra no comienza a declinar la supremacía de
los alemanes, que pierden en parte dicha batalla por haber sacado conclusiones
erróneas de su actuación en España, en donde cegados
por la superioridad de los Heinkel He-111 y Dornier Do-17 concluyeron
que sus bombarderos bimotores eran tan veloces que no precisaban de cazas
de escolta, los Spitfire los sacaron bruscamente de su error.

Dornier Do-17
Primero
las Fuerzas Aéreas Republicanas (Aviación Militar y Aeronáutica
Naval) y luego, después de su constitución en 1937, las
FARE (Fuerzas Aéreas de la República Española) pese
a su heroísmo y denodados esfuerzos no dispusieron de los medios
que les permitiesen derrotar a la poderosa Legión Cóndor
de la Luftwaffe, siempre secundada por los inferiores pero numerosos aparatos
enviados desde la Italia fascista.

Heinkel He-111
Si
cuando comenzó la Guerra Civil Española el desarrollo aeronáutico
mundial hubiese sido semejante al existente en 1931 o 1932, la República
habría dominado los aires y posiblemente hubiese ganado la guerra,
porque no habría existido en dicha época una situación
tan desequilibrada como la que se produjo en 1936.
En
1931 o 1932 la situación habría sido muy diferente, los
aparatos que hubiesen podido llegar desde el exterior en esas fechas no
habrían sido demasiado superiores a los existentes y producidos
en ese momento en la España Republicana, pero desde el punto de
vista de la evolución aeronáutica, desgraciadamente, la
Guerra Civil Española comenzó precisamente en julio de 1936.
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