En la Escuela Superior de Aeronáutica de Murcia que dirigía el coronel Emilio Herrera Linares durante la Guerra Civil se constató un problema crucial del Polikarpov I-16 Mosca Tipo 5/6 al que se puso solución en los Servicios de Material. El Emilio Herreraequipo técnico de Herrera detectó la influencia en las cortas alas del monoplano soviético del efecto conocido como remolinos o vórtices de Karman. Este efecto provocaba un “bataneo” o agitación del ala que influía en la concentración y precisión del fuego de las ametralladoras Shkás, lo que unido a su pequeño calibre (7,62 mm) mermaba su efectividad para derribar los aparatos enemigos. Además, es probable que la acusada vibración alar provocada por los vórtices de Karman causaran la apertura en vuelo de los capots de las ametralladoras de las alas, hecho frecuentemente mencionado en las memorias de los aviadores de las FAR. Esta apertura inesperada provocaba una brusca desaceleración del I-16 y generaba sustos al piloto, que tenía que controlar rápidamente el aparato. Según el ingeniero Enrique Ribot Batet este problema fue expuesto durante el curso de aerodinámica que se daba en la Escuela Superior Aeronáutica en febrero de 1938. Ribot indica que Herrera alentó a sus subordinados para solucionarlo y se pudo resolver de una manera sencilla: consistía en una simple modificación de la curva de la punta del ala en su borde de salida del viento. Era una operación sencilla que podía hacerse “in situ” por cualquier mecánico-chapista. En este año que conmemoramos la figura de Emilio Herrera, este caso nos permite ejemplificar cómo este ilustre ingeniero militar promovió el espíritu de investigación entre sus subordinados.