El 13 de agosto 2018 ha emprendido su último vuelo Ángel Sanz Bocos, Vallecas, un aviador republicano que sobrevivió a una guerra con honor. Asentado el núcleo familiar en el popular barrio de Vallecas, Ángel asistió a la Escuela de Artes y Oficios en la que impartía clase Amós Acero, completando su formación en las clases nocturnas que impartían los Salesianos de Atocha. Al estallar la guerra civil se incorporó como voluntario en un Batallón Antigás con el que combatió en varios frentes hasta que aprobó los exámenes convocados por el gobierno republicano para convertirse en piloto. Fue miembro de la 2ª Expedición de alumnos-pilotos que en julio de 1937 se trasladó por el Mediterráneo a la 20º Academia de Aviación soviética de Kirovabad (actual Ganjá, República de Azerbaiyán) donde obtuvo el título de piloto militar para tripular el caza Polikarpov I-16 Mosca.

Al regresar a España fue destinado sucesivamente a la 4ª Escuadrilla del Grupo 21 que lidera M. Zarauza Clavero y posteriormente a la 3ª Escuadrilla de J. Mª Bravo Fernández (que fue sustituido por F. Tarazona Torán) con la que intervino en las campañas de Levante, el Ebro y Cataluña. En estos frentes, Vallecas (como era conocido por sus compañeros) asumió progresivamente mayor responsabilidad hasta que en enero de 1939 fue ascendido a teniente y jefe de la escuadrilla. El 6 de febrero de 1939, las Fuerzas Aéreas de la República perdieron sus últimos cazas debido a un ametrallamiento sorpresa efectuado por la Legión Cóndor, por lo que Sanz se vio obligado a atravesar los Pirineos a pie, siendo confinado en los campos de internamiento de Argelés sur Mer y Gurs junto al resto de aviadores republicanos. Después de rechazar una oferta del gobierno de París para formar parte de un cuerpo aéreo expedicionario en Indochina, vivió un periodo de entradas y salidas del campo de Gurs para trabajar como peón agrícola y leñador que dieron paso a una situación de semilibertad salpicada de múltiples fugas y encontronazos con la gendarmería francesa, la policía alemana y las SS, que le interrogó brutalmente. En 1943 decidió acogerse al decreto de amnistía franquista para regresar a España, pero al atravesar la frontera fue denunciado, internado en prisión y condenado a cumplir una pena en los batallones disciplinarios de África, pero viajó a Madrid para trabajar en el negocio familiar. Sanz obtuvo el título de técnico electrónico y trabajó en la semiclandestinidad haciendo aparatos de radio hasta que la persecución policial le obligó a dejar Madrid con su familia y huir a Francia. Instalado en París, se acreditó como refugiado político para evitar su deportación y emprendió la difícil tarea de ganarse la vida en un país del que desconocía el idioma. Vallecas, asociado con otros ex aviadores republicanos, empezó a vender tornillos a las empresas automovilísticas francesas (Citroën y Renault), encontró tiempo para ser uno de los fundadores de la Liga de Antiguos Aviadores de la República Española (LAARE). En Benidorm adquirió el restaurante Acapulco donde, de manera encubierta, organizó en mayo 1972 una de las primeras reuniones en España de los aviadores de la República, que sirvió para que en reuniones posteriores, se pudiera fundar la Asociación de Aviadores de la República (ADAR) cuyos miembros obtuvieron el reconocimiento de sus derechos como militares profesionales del gobierno de la II República. Ángel Sanz también tuvo tiempo para escribir su autobiografía (Memoria de un chico de Vallecas piloto de caza de la República, que también se editó en Francia) en el que narró una vida cuajada de simpatía y generosidad, rasgos que siempre le definieron como ser humano y último miembro de la Presidencia Colegiada de ADAR.

Ángel Sanz Bocos nació en La Poveda (Arganda del Rey), el 5 de julio de 1918 y falleció en Benidorm el 13 de agosto de 2018. Carlos Lázaro Ávila, socio de ADAR e historiador aeronáutico.