Aurelio Villimar Magdalena, que había intervenido activamente desde julio de 1936 en la guerra aérea y fue uno de los oficiales acompañantes de la Primera Promoción de Kirovabad, dio sobradas muestras de valor en un momento tan crucial como la sublevación de Cartagena (marzo de 1939). Así lo relato Isidoro Giménez a un compañero exiliado en México: Independientemente de su simpatía, su trato agradable, hombre de bien en su más alta calidad, amigo siempre dispuesto a ser útil quien le necesitase, fue la persona más optimista que conocí; nunca le oí comentar dudas sobre nuestra victoria. Para vencer, según él y muy acertadamente, aconsejaba debíamos seguir luchando mientras tuviésemos vida y un arma. No eran sus palabras como aquellas de “NO PASAREIS” que se proferían por decir algo, pero sin el menor deseo de exponer la vida para que eso se realizase. Él –Villimar- lo practicaba con el ejemplo. Cuando la sublevación de la Artillería en Cartagena el 4-3-1939 al ceder el mando de Gobernador Militar Bernal a Galán hubo que abortar esta sublevación enviando fuerzas de aviación  (pilotos, alumnos, soldados) de Los Alcázares y Carmolí a Cartagena. Todas las baterías de Costa se encontraban en un plan anárquico no acatando orden alguna y dispuestos a entregarse a los sublevados (traidores de última hora). En esos críticos momentos Villimar vino a verme y mientras yo organizaba las fuerzas expedicionarias a Cartagena, Villimar (él solo) con unas cuantas bombas de mano en los bolsillos se fue haciendo con las baterías de costa, una a una, venciendo muchas y peligrosas dificultades. Las sometió y consiguió siguieran siendo fieles a la República. Una de estas baterías recibiendo órdenes recibidas de nuestro bando, disparó y hundió el transporte “Castillo de Olite” al lado de Escombreras.

Al final de la guerra, Aurelio Villimar fue juzgado, condenado a muerte y fusilado.

(Artículo de Carlos Lázaro Historiador)